miércoles, 17 de febrero de 2010

Hola a todos.



Los goya ya han pasado y podemos decir que han sido una de las ediciones más exitosas de los últimos años. Por un lado tuvimos el éxito de Celda 211 (Daniel Monzón, 2009) con 8 estatuillas de las 16 a las que optaba. También Ágora (Alejandro Amenábar, 2009) triunfó al llevarse 7 premios. Y para colofón final se nos regaló con la presencia de Pedro Almodóvar en un inicio de aproximación para limar asperezas con la Academia de Cine. Las menciones especiales de esta gala fueron para Andreu Buenafuente, que como presentador supuso un aire fresco a la ceremonia (que gracias a la ausencia de anuncios se hizo mucho más dinámica), y para Álex de la Iglesia, que en su puesta de largo como Presidente de la Academia orquestó un magnífico espectáculo al gusto de todos.

En vuestras manos queda el decidir si los premios fueron justos o no, lo que sí queda claro es que parece que el cine español vuelve a tener otra oportunidad para subir en calidad y retomar el pulso al público que le ha dado de lado o que ha dejado de confiar en él.



Otro parada este mes es Berlín. Se celebra el 60 Festival de Cine de Berlin, la Berlinale.

http://www.berlinale.de/en/HomePage.html

Es uno de los festivales de cine más importantes a nivel mundial. Por eso queremos estar atentos a todo lo que circule por esa ciudad durante estos días. Impacientes estamos a que llegue el 20 de febrero cuando se entregue el ansiado Oso de Oro. El jurado que otorgará tan deseado premio está compuesto por Werner Herzog, Francesca Comencini, Nuruddin Farah, Cornelia Froboess, José María Morales, Yu Nan y Renée Zellweger. Ellos serán los encargados de premiar a la mejor película. Lástima que no haya representación española compitiendo en la sección oficial.

Un saludo.

miércoles, 13 de enero de 2010

¿3D o cine artesanal?

Hola amigos y feliz año a todos.


Queremos comenzar el año con un interesante debate que se empieza a formar en torno a los nuevos usos del cine. El futuro se está planteado complicado en la industria con una palpante crisis de guionistas y creadores. Por lo tanto se intenta solucionar con un avance en la parte técnica de la manufactura cinematográfica. Está claro que hablamos del guante lanzado por James Cameron con su Avatar (2009). Según el señor Cameron el cine va a cambiar hacia planteamientos tridimensionales con los que el espectador va a poder meterse dentro de la película y formar parte de ella. El reto es interesante pero plantea demasiados inconveniente e interrogantes.

Cameron ha necesitado de mucho tiempo y muchísimo dinero para poder fabricar su film y, evidentemente, esa inversión sólo está al alcance de poquísimos realizadores y productores. Bien es cierto que la tecnología actual podría abaratarse con un frecuente uso en una gran cantidad de películas, pero aún asi seguiría siendo vetada para la gran parte de los mortales que cuentan con una relación tiempo-dinero más bien escasa. También tenemos otro problema y es el del plantemiento formal y esencial de la película. Abandonarnos al despliegue pirotécnico no es suficiente para muchos espectadores que también necesitan ser atrapados por lo que les cuenta el film. En este terreno todavía el cine convencional o artesanal, alejado del chroma y demás efectos de ordenador, tiene muchísimo que decir.

Para ser sinceros James Cameron tiene razón. Probablemente el futuro pase por las tres dimensiones. Pero eso no quiere decir que el cine elaborado artesanalmente esté muerto o no pueda dar una réplica desde su humildad.

El cine en 3D no es nuevo, ya hubo anteriores intentos para hacerlo atractivo. El logro de James Cameron ha sido el hacerlo creíble y visualemente muy efectivo. Las cosas como son, es un pionero y un visionario que ha indicado el camino a seguir para atraer al personal al cine. Ese empeño y su logro son intachables e incontestables, de hecho ahí están los resultados en taquilla. Pero no es el camino a seguir para todos, sólo de unos pocos. Por supuesto que las buenas historias pueden ir ligadas al 3D, y la de Cameron no es mala, pero hace falta muchísimo más para desbancar al cine hecho desde las antípodas de Avatar.

Nuestro apoyo al cine va desde lo más humilde hasta la producción más cara de la historia. Pero necesitamos saber qué es lo que opináis vosotros. El cine tiene muchísimas vertientes y lo que gusta a unos repele a otros. Es el clásico debate.

Un saludo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

NAVIDAD, DULCE NAVIDAD

Un año más las navidades ya están aquí. Es un momento en el que nuestros sentimientos, buenos o malos, afloran para ser proyectados hacia los demás. Es una época de grandes comidas, ingentes cantidades de turrón y demás dulces, el alcohol corre a raudales, encuentros con amigos, familiares y compañeros de trabajo, las compras, la lotería... en definitiva un estrés continuado y que cada uno decida si es para bien o para mal.

Está claro que, desde hace bastante tiempo, el cine ha dejado de fijarse en la conmemoración en si de esta festividad. El nacimiento de Jesucristo ha sido aparcado para exaltar la festejos y lo que conllevan. Las películas se centran en las reuniones familiares, en los excesos propios de estas fechas, o simplemente tienen una trama ajena a la festividad pero que transcurren en el entorno festivo navideño.


Las televisiones suelen recurrir a las películas de siempre para distraernos de tanta fiesta continuada. Por lo general echan mano al paquete básico navideño con algún que otro toque en forma de estreno televisivo. Uno puede ver en televisión películas nostálgicas como It's a Wonderful Life (Frank Capra, 1946) o A Christmas Carol en sus diferentes versiones, para traer a nuestras mentes viejos recuerdos de antaño. La gran familia (Fernando Palacios, 1962) es el clásico español en las pantallas, aunque un poco dado de lado últimamente en realidad. Inevitables films como Home Alone (Chris Columbus, 1990) y Home Alone 2 (Chris Columbus, 1992), el resurgimiento de Papá Noel en The Santa Clause (John Pasquin, 1994) y un largo etcétera de películas aligeran las digestiones pesadas propias de la navidad. Casi siempre están orientadas hacia el público infantil que, supuestamente, es el que de verdad disfruta del evento. Hollywood tiene un gran filon en la infancia y hace lo posible por arrastrar a estos espectadores en miniatura hacia sus productos perfectamente estudiados para su uso y disfrute.

Pero nos gustaría hablar de películas que han llamado la atención por su cierto carácter antinavideño. Evidentemente no son obras de arte pero tienen un punto que las hace un poco más interesantes que las clásicas. Aquí va un pequeño listado para pasar las navidades intentando evitar los clásicos topicos de estas fechas. Las tenemos de todos los tipos y colores y que cada uno decida si son soportables o no:
Jingle all the way (Brian Levant, 1996) a la caza del regalo perfecto. Christmas Vacation (Jeremia S. Chechik, 1989) la pesadilla de la familia en casa. How the Grinch Stole Christmas (Ron Howard, 2000) un diablillo cansado de la navidad. Scrooged (Richard Donner, 1988) el cuento de siempre desde el punto de vista de un productor televisivo que odia la navidad. Como inicio para pasar las primeras horas de la tarde no están mal. Estas películas sí que tienen finales más al gusto de los amantes de la navidad, pero nos van a divertir porque sus protagonistas están verdaderamente estresados por los avatares propios de los festejos navideños.


Es interesante también un poco de acción en la Navidad. El entorno navideño como telón de fondo es un recurso fácil en muchas películas de los últimos veinte años. Está claro que no hay nada más divertido que convertir estas fiestas en un territorio ideal para la violencia. Tal vez sea lo fácil que es dinamitar el espíritu de paz de estas fechas pero la cuestión es, dejando a un lado la calidad fílmica del producto, que funciona muy bien en taquilla. Podemos recordar Die hard (John McTiernan, 1988) con su posterior secuela Die hard 2 (Renny Harlyn, 1990) y otro ejemplo sería Lethal Weapon (Richard Donner, 1987). Las historias de acción llenas de explosiones y tiroteos entre árboles de navidad, luces y muñecos de Papá Noel parecen ser una mezcla idónea para el público más inquieto. En un tono menos violento pero más divertido podemos disfrutar de Gremlins (Joe Dante, 1984) que convierte un regalo de navidad, una inofesiva criatura, en uno de los mejores espectáculos de destrucción navideña que se recuerda en una pantalla de cine. Por supuesto también tenemos la aportación española al género con El Día de la Bestia (Álex de la Iglesia, 1995) que anunciaba el nacimiento del anticristo en Nochebuena.

Si lo que desea uno es pasar un rato entretenido con un ligero toque de terror, o simplemente reírse de los iconos navideños, puede echar mano de otro tipo de productos más iconoclastas con la festividad. The Silent Partner (Daryl Duke, 1978) puede ser un buen comienzo, tal vez no muy terrorífico pero sí muy interesante como thriller. Silent night, Deadly Night (Charles E. Sellier Jr, 1984) puro terror para continuar la sesión, y si te gusta puedes seguir las secuelas posteriores. Si a uno le apetece ver a Santa Claus luchar contra diferentes maquinaciones malignas se puede recurrir a la mejicana Santa Claus (René Cardona, 1959) para echarle una mano contra los demonios que quieren acabar con la navidad. O podermos verle abducido por los marcianos en Santa Claus Conquers the Martians (Nicholas Webster, 1964), e incluso tenemos al simpático hombre de rojo vestido para asesinar en Don't Open 'til Christmas (Edmund Purdom, 1984) y You Better Watch Out (Lewis Jackson, 1980).

Este listado, como siempre, es un simple aperetivo para los más inquietos espectadores. Desde Ocho y Medio queremos desearos a todos una feliz Navidad y que Papá Noel os traiga muchísimos regalos.

Un saludo.

sábado, 21 de noviembre de 2009

CINE RURAL

Este año estamos de celebración. Se cumplen 25 años del estreno de Tasio (1984) de Montxo Armendáriz. La vida del minero Tasio Ochoa en su ambiente diario contada junto con testimonios reales es una de las realizaciones más celebradas de su director. La película marcado carácter documental engrosa la lista de uno de los géneros más característicos del cine español.
El cine rural es un referente dentro de nuestra cultura. Son muchos los cineastas que han dirigido sus miradas hacia la España más presente en gran parte del siglo XX. Sinceramente, la urbe es un invento más reciente de lo que nosotros creemos. Las grandes migraciones hacia las ciudades son prácticamente de los años 60 ó 70 y con ellas el abandono progresivo de los pequeños núcleos poblacionales. Además, desde esos años, han ido viviendo dándose la espalada mutuamente. Esta indiferencia se convierte en olvido si vemos muchos de los filmes de temática rural. El olvido de otra forma de vida con sus alegrías y miserias suele ser, cada vez con más frecuencia, la línea argumental de la mayoría de los cineastas que se lanzan a retratar este mundo. La emigración a la ciudad, el peligro de extinción de los pueblos, el constante abandono de sus modos de producción, la soledad, la incomunicación, la visión de un pasado olvidado, los horribles crímenes que se cometieron basados en el odio... son otros de los hilos conductores del género.

A modo de revisión podemos hablar del magnífico relato de Luis Buñuel en Las Hurdes, tierra sin pan (1932). La extrema pobreza por la que pasaba el campo y, en especial esta zona, es la excusa del genial director para acercarse al mundo rural.
Más adelante fue Luis García Berlanga quien narró la vida cotidiana de un pueblecito expectante ante la llegada de los americanos en Bienvenido Mr Marshall (1953).
Furtivos (1975) de José Luis Borau presenta una España atrasada en muchísimos aspectos, en un drama provincial en el que los acontecimientos llevan a sus personajes hacia el desastre.
La España negra con sus crímenes es contada con toda la crudeza por Pilar Miró en El crimen de Cuenca (1979). Historia basada en acontecimientos reales ocurridos a principios del siglo la polémica la acompañó pues es el único filme español prohibido durante la democracia, aunque finalmente logró estrenarse en 1981. También, como referente a la crónica negra de España, tenemos la interpretación de los crímenes de Puerto Hurraco en 1990 reconstruidos en El séptimo día de Carlos Saura (2004) con guión de Ray Loriga.
El dibujo cruel de la España rural de los años 60 llegó de la mano de Mario Camus con su espectacular Los Santos Inocentes (1984) con la que Alfredo Landa y Francisco Rabal ganaron el premio a la mejor interpretacón masculina en el Festival de Cannes.
Amanece que no es poco (1989) es un dulce locura de José Luis Cuerda de un pueblo que adora a Faulkner y merece estar en esta pequeña lista de películas sobre la temática rural.
Más recientemente se han presentado filmes como El silencio roto (2001) de Montxo Armendáriz o El cielo gira (2004) de Mercedes Álvarez, donde los propios vecinos de un pueblecito nos cuentan el vacío en el que viven debido a la emigración hacia la ciudad. También está Elogio de la distancia (2009) de Julio Llamazares y Felipe Vega en la que se nos muestra el relato de la vida de un pueblo de Lugo durante un año entero.

Esta es una pequeñísima muestra de un género que destaca en la historia de nuestro cine. Suele ser mimado por sus realizadores y por eso este pequeño homenaje desde esta humilde página.

Un saludo.

martes, 3 de noviembre de 2009

LA PREGUNTA DE LOS 64 DÓLARES: "¿ES USTED O HA SIDO ALGUNA VEZ MIEMBRO DEL PARTIDO COMUNISTA?"

Hace unos diez años, 1999, un venerable anciano llamado Elia Kazan recibía un Oscar honorífico por su trayectoria cinematográfica. Lo que se suponía que era un motivo de celebración y reconocimiento a un grande de Hollywood, se convirtió en uno de los actos que más división crearón a lo largo de la historia de los Oscar. La razón era que un sector importante de Hollywood seguía viendo en el señor Kazan al delator que no dudó en dar nombres de compañeros de profesión ante el Comité de Actividades Antiamericanas (House Un-American Activities Committee, en inglés).

Gran parte de la opinión general considera que, los acontecimientos ligados a la investigación del Comité de actividades Antiamericanas , forman parte de uno de los capítulos más oscuros de la sociedad norteamericana del siglo XX. Su andadura vino fomentada por varios factores: Anticomunismo, inicio de la Guerra Fría, Guerra de Corea, desarrollo nuclear de ambas potencias. Una receta perfecta para buscar los fantasmas en el propio hogar.

El Comité surgió supuestamente para investigar el fascismo americano, pero a raíz de la entrada de congresistas más conservadores, orientó sus pasos hacia la búsqueda de la acción comunista en los Estados Unidos. La llegada de la Segunda Guerra Mundial relajó sus esfuerzos ya que hubo una alianza entre americanos y rusos en la lucha contra la Alemania nazi. Pero, terminada la guerra, sus actividades sufrieron un repunte y dirigieron sus miras hacia la meca del cine dada la importante presencia de la izquierda americana dentro de la comunidad fílmica.

Para ser justos con los acontecimientos hay que decir que el Comité siempre actuó tras investigaciones previas de un FBI capitaneado por J. Edgar Hoover, líder incuestinable en la lucha anticomunista. Por ello muchos investigadores consideran que los perseguidos eran o habían sido simpatizantes de la causa comunista. Lo que habría que analizar son los métodos usados por el FBI, y en muchos casos reutilizados por el Comité, basados en su mayoría en la denuncia anónima de terceras personas sobre otras. Y también es evaluable si el fin último del Comité, la limpieza ideológica, es o no reprochable.

La actividad del Comité se expandió a todos los ámbitos de la sociedad americana. Muchas personas perdieron su trabajo tras haber sido acusados de pertenencia o simpatía hacia el comunismo. Médicos, periodistas, trabajadores en general eran puestos en la picota e inmediatamente después se les hacía el vacío social. Pero esto resultaba poco espectacular y es ahí donde entra en juego la investigación en Hollywood. Que un nombre famoso fuera señalado con el dedo acusador era una publicidad excelente y generaba el impacto que se buscaba en el mensaje de repulsa que pretendía el Comité.
La fuerza de dicho Comité se basaba en las actuaciones judiciales que se venían dando por la época. Se había acusado al Partido Comunista americano de conspiración criminal para acabar con el gobierno de los Estados Unidos, las empresas violaban constantemente las libertades individuales de sus trabajadores al preguntarles por su condición política... Un largo etcétera de fallos constitucionales que dotarían de poder a la labor tanto del FBI como del Comité de Actividades Antiamericanas. Los empresarios, jueces y políticos de la época no querían salir en las portadas de los periódicos como protectores del comunismo americano, por ello acataron y cumplieron con las directrices de la paranoia nacional.
Los estudios de cine comenzaron a despedir a personas sospechosas. Pidieron a sus estrellas declaraciones en las que se asegurara que no tenían nada que ver con actividades comunistas. Si un nombre salía a la luz en las vistas del Comité, automáticamente esa persona era apartada de su trabajo. Lo que estaba claro era que los magnates de la industria cinematográfica no podían permitirse ser considerados blandos con la causa anticomunista y por ello decidieron atajar el problema de raíz como medio para salvar sus negocios.
Los primeros mártires, lo quisieran así o no, fueron los conocidos como los Diez de Hollywood. Diez personas, en su mayoría guionistas, fueron acusadas de desacato al Congreso en 1947 por negarse a contestar a las preguntas del Comité. Consideraban dichas preguntas como anticonstitucionales y por ello decidieron no responder. Fueron ellos los primeros desposeídos y apartados de la industria. Sus nombres formaron parte de la primera lista negra de Hollywood: John Howard Lawson, Dalton Trumbo, Albert Maltz, Alvah Bessie, Samuel Ornintz, Herbert Biberman, Ring Lardner Jr. y Lester Cole, Adrian Scott y Edward Dmytryk.
Pero no todo eran negativas al Comité. Había otro sector de Hollywood que deseaba colaborar con la causa, bien por salvar su empleo o bien por afinidad ideológica. Conocidos son los casos de Gary Cooper y Ronald Reagan.
McCarthy llegó a la escena a principios de los 50 y con él llegó la actividad más fiera del Comité.
Gracias a sus esfuerzos acojerse a la V Enmienda (el derecho a la no autoincriminación) para no responder a la cuestión con que titulamos este artículo era considerado como prueba de estar incriminado en actividades comunistas. Y es en este periodo donde aparece la acusación de Elia Kazan. Sus motivos tendría el genial director para delatar a compañeros suyos de pertenencia al Partido comunista americano, del que él mismo había sido miembro. El 10 de abril de 1952, en sesión pública, Kazan lanzó una serie de nombres de miembros o antiguos miembros del partido. Con dicha sesión su imagen se vería manchada durante mucho tiempo por una parte importante de sus compañeros de profesión. Kazan había sido del partido pero odiaba los métodos de dicho partido, por eso salió de él muchos años atrás. También se dice que los máximos directivos de la productora para la que trabajaba le habían obligado a declarar y denunciar a compañeros. Kazan sería considerado como el perfecto delator y muchos no olvidaron esa comparecencia.
La caza de Brujas en Hollywood es un tema apasionante que ha dado para escribir muchísimos libros e inspirar varias películas como Good Night and Good Luck (2005) de George Clooney, y gracias a la revisión de esa época se nos viene una pregunta a la mente...¿Puede volver a ocurrir algo parecido en un futuro? Nosotros esperamos que no.
Un saludo.

martes, 20 de octubre de 2009

20 años de la caída del muro de Berlín. El fin de la Guerra Fría.

La noche de 9 noviembre de 1989 el muro de Berlín comenzó a despedazarse. Con él también caía una forma distinta de ver el mundo. Evidentemente no fue un hecho aislado ya que tuvo sus antecedentes y sus consecuencias, pero lo que no se puede negar es que fue un acontecimiento cargado de simbolismo. Era el fin de la Guerra Fría.

La Perestroika, Mihail Gorbachov, la ruptura de Yugoslavia, el fin del Pacto de Varsovia, la caída de regimenes comunistas en la Europa del Este, etc... ponían la puntilla a casi cincuenta años de tensiones entre dos bandos bien diferenciados. Las tiranteces y las constantes amenazas entre los Estados Unidos y la antigua Unión Soviética fueron palpables para el resto del mundo. Era una guerra incruenta, sin presuntas bajas directas, y en la que los contrincantes se dedicaban a ser ejes de ejecución de estrategias políticas a lo largo y ancho del mundo.

Es aventurado hablar de un género cinematográfico que hable explícitamente de este enfrentamiento entre dos superpotencias. La realidad es que se habla del conflicto de manera sesgada, ya bien sea a través del cine bélico que nos sitúa en el territorio donde hubo enfrentamientos indirectos como Korea o Vietnam, o bien un cine de espías con luchas veladas entre los dos grupos, todo ello pasado bajo el filtro del terror ante una inminente guerra nuclear.

Como siempre Hollywood se implicó en la propaganda. Los inicios de la Guerra Fría fueron muy convulsos en el la Meca del cine. Fue un momento de purga masiva con "La caza de Brujas" del senador Joseph McCarthy entre 1950 y 1956. Los Estados Unidos habían puesto su punto de mira en un nuevo enemigo en el exterior, y por ello debían cortar de raíz cualquier indicio a su favor dentro del seno de su propio país. El Senador se dedicó a todos los ámbitos de la vida política, militar y cultural del país,por lo que era inevitable su paso por Hollywood. Guionistas, directores, actores, productores, todos pasaron por el filtro de McCarthy. Un tema apasionante del que ya hablaremos.

Continuando con la Guerra Fría una vez más, como ocurrió con la II Guerra Mundial, se echó mano del cine como medio para motivar e incitar a la lucha contra el enemigo de occidente. Curiosamente la maquinaria propagandística fue más prolífica durante los años 80, casi al final de la guerra, con un mensaje más directo y aterrador que lo anteriormente visto. Es en esa década cuando surgen productos como Red Dawn (1984) de John Milius, Invasion USA (1985) de Joseph Zito, Rambo III (1988) de Peter MacDonald, etc... No vamos a valorar su calidad pero nos sirven para ejemplificar el tipo de mensaje que se buscaba en esa época. Es el momento de Reagan y su guerra de las galaxias, del boom económico de los 80 en los Estados Unidos. Su visión del mundo se tornaba más radical y por ello se buscaba un mensaje explícito. Dicho mensaje era también una especie de aviso para las producciones fílmicas pesimistas que se habían levantado raíz del fracaso de Vietnam. Lo filmado anteriormente era subjetivo en el sentido de que tendríamos que hablar de las motivaciones personales del cineasta que lo ha ideado. Ya sea a favor de la causa o en contra, era difícil encontrar una balanza más inclinada hacia el lado del pensamiento americano como en los años 80.
Un caso interesante de cine a contracorriente lo constituye la película Seven days in may (1964) de John Frankenheimer, en la que se nos relata un supuesto golpe de Estado por los militares en los Estados Unidos de América tras la firma, por parte del gobierno americano, de un acuerdo de desarme nuclear total con los rusos. Un tema extremadamente delicado en aquella época.
Otros títulos que podemos consultar para contar este momento de la historia, con cierta visión crítica, son One, two, three (1961) de Billy Wilder, en la que se nos relata las aventuras y desventuras de un trabajador de la Coca Cola en el Berlin Oeste; Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb (1964) de Stanley Kubrick donde un general quiere a toda costa empezar el holocausto nuclear.
El miedo intrínseco al desastre nuclear fue uno de los motivos por los que ambos contendientes tuvieron el máximo de los cuidados antes de apretar el botón de lanzamiento.
Depués de la caída del telón de acero hemos tenido más cine dedicado a este acontecimiento como Thirteen days (2000) de Roger Donaldson para contanos un de los momentos más tensos, entre los dos contendientes, como fue la crisis de los misiles de Cuba.
A todo esto tenemos que añadir el cine motivado a raíz de los conflictos generados por las influencias de ambos países. La Guerra de Korea, Vietnam, Indochina, Afganistan, los espías, el muro de Berlín... todo fue llevado a la "gran pantalla" con más o menos fortuna.
La máquina de Hollywood relató todos estos acontecimientos, en la mayor parte de los casos desde un único punto de vista, para contarnos o adoctrinarnos sobre qué es lo que estaba pasando o había pasado en el mundo.
Este artículo se ha orientado hacia el eje americano dado que es el que más nos ha llegado. Bien es cierto que falta hablar de la visión de los cineastas europeos y rusos, pero es que ste tema da mucho y por ello hemos decidido avanzar en él acotándolo por ejes de influencia. Poco a poco iremos desarrollándolo.

Un saludo

martes, 6 de octubre de 2009

FESTIVAL DE SITGES Y CINE FANTÁSTICO ESPAÑOL

Todavía no hemos terminado de recoger la alfombra roja del Festival de San Sebastián y ya tenemos que volver a desplegarla para el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, y ya van 42 ediciones. El 1 de octubre comenzó una de las citas más importantes para los amantes de los géneros como el terror, la fantasía y la ciencia ficción.
Estamos de enhorabuena porque la inauguración del festival ha sido con una película española. Rec 2 ha hecho las delicias de los seguidores del género gracias a la mano de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Y seguro que tiene mucho que decir Hierro de Gabe Ibáñez o Ingrid de Eduard Cortés.
La verdad es que tenemos una larga tradición en la fantasía, el terror o la ciencia ficción. En la mente de todos están presentes los nombre de Jesús Franco o Paul Naschy, verdaderos impulsores de este tipo de cine en nuestro país. Ellos son la cabeza visible de un cine todavía en pañales en aquella época, pero no nos podemos olvidar de otros nombres como Josep María Valls, Pastel de Sangre (1971); Alfonso Balcázar, La casa de las muertas vivientes (1972); Amando de Ossorio, Las garras de Lorelei (1973); Juan Piquer Simón, Mil gritos en la noche (1982). Evidentemente estos son sólo unos pocos nombres ya que la gesta en este terreno paracía no tener fin en los años 70 y 80 del siglo pasado. La fórmula no variaba mucho: Argumento sencillo y producción rápida. Todo se movía entre el Diablo, posesiones infernales, seres del abismo, vampiros, algún que otro psicópata todo ello pasado por cantidades industriales de sangre y de señoritas escasas de ropa. Pero la cuestión es que la fórmula funcionaba y muy bien.
Según han pasado los años la producción se ha relajado bastante pero se le ha intentado dotar de más calidad, ya sea a través de dinero invertido o argumentalmente. El terror más carnal ha ido dejando paso al terror más psicológico o a la fantasía más elaborada. Llegó 1995 y Alex de la Iglesía nos presentó El día de la Bestia y tras él llegaron otros con ideas distintas de entender estos géneros como Alejandro Amenábar con Abre los Ojos (1997); Jaume Balagueró con Los sin nombre (1999); Mateo Gil con Nadie conoce a nadie (1999).
Como culminación tenemos la creación de, la ya desaparecida, Fantastic Factory dirigida por Julio Fernández y Brian Yuzna. Fue un buen intento por crear una productora dedicada al cine de terror y ciencia ficción en España con colaboraciones del extranjero y gracias a ella tenemos productos como Darkness (2002) de Jaume Balagueró, Beyond Re-animator (2003) de Brian Yuzna y Bajo aguas tranquilas (2006).
Lo que queda claro es que el espíritu de esas películas de los 60, los 70 o los 80 ha perdurado en los nuevos realizadores. Todos sentimos cierta añoranza de esas producciones que contaban con más espíritu que medios. Gracias a ellos hemos ido creciendo y está claro que los resultados son inmejorables. Las producciones españolas han sabido asimilar los requisitos mínimos de estos géneros y además hemos dotado de originalidad a nuestros productos y están ofreciendo calidad al resto del planeta. Y eso es una gran noticia para todos.
Un saludo.